El día 23 de noviembre se celebra el día de europeo de personas en situación de sinhogarismo con el fin de luchar contra la realidad que viven en torno a 40.000 personas en España (datos otorgados por Cáritas) y 700.000 en Europa (según datos de FEANTSA).

Este fenómeno se ha vuelto más significativo, si cabe, con la pandemia mundial, ya que a la situación de extrema vulnerabilidad que sufren diariamente se le ha añadido un peligro más: el COVID-19. Por lo tanto, no sólo tienen que preocuparse de las inclemencias del tiempo, de la comida o de los delitos que son cometidos por motivación aporófoba, sino también del COVID-19. Esto supone añadir una dificultad más a su ya ardua condición.

¿Cómo pueden protegerse estas personas sin un hogar que le brinde un entorno seguro? Como indicaba, recientemente, Hogar Sí: «Las personas en situación de sinhogarismo tienen una esperanza de vida 30 años inferior al resto de la población, el 30% sufre enfermedades graves y el 31% ha intentado suicidarse alguna vez», en consecuencia, compartimos la idea de que un hogar es la primera medida que debemos adoptar para proteger a este colectivo, ya que como indicaron La calle mata y tener un hogar cura.

En el confinamiento domiciliario que vivimos entre marzo y mayo, el gobierno impulsó medidas excepcionales para proteger a este colectivo, pero, ante el toque de queda actual, los ayuntamientos solicitan una solución efectiva, ya que los albergues son medidas temporales. Asimismo, el toque de queda ha aumentado más la soledad de estas personas, las cuales están más expuestas -si cabe- a los ataques aporófobos.

Por lo tanto, Crimen.eu, y, más específicamente, los profesionales del proyecto coordinado de aporofobia y Derecho penal reivindicamos al gobierno la adopción de medidas que salven la situación del colectivo más excluido socialmente, esto es, las personas en situación de sinhogarismo. En este escenario que vivimos en el cual el mensaje es «quédate en casa» no podemos dejar de pensar en aquellas personas que, en muchas ocasiones, por causas ajenas a ellos, tienen que continuar expuestos a las vulnerabilidades de la calle con un añadido más, el COVID-19.